La existencia humana tiene una materia imprescindible: los vínculos. La Humanidad no es sin la interacción. Precisa para ser, crear y sostener un #EntretejidoVincularEcosistémico: un entramado de co-construcción con otros que le permita a las personas constituir su identidad con lo otros, hacer con los otros, mostrarse en su hacer hacia los otros, co-transformar la realidad con otros... evolucionar resilientemente en un sólido #Nosotros.
Si el ser, el estar, el tener, el poder y el hacer se hace en soledad, impera el individualismo y la Humanidad involuciona. En muchas ocasiones, en muchas situaciones, en muchos escenarios esta triste realidad se impone. Pero en ciertas islas del ecosistema humano, se puede observar el desarrollo y la promoción de la #ResilienciaEcosistémica. En cada hacer compartido y pleno vocacionalmente se puede resiliar.
Un ejemplo de ello son los libros... esas tramas que unen manos que escriben con ojos que leen, mentes que piensan críticamente, corazones y almas que sienten y se conmueven entre sí.
Las vocaciones descubiertas a tiempo, desarrolladas y ampliadas hacia los otros, sean cual fueran, generan un entramado de vínculos que enriquece a todos sujetos, sacándolos del individualismo, ampliando la mirada, promoviendo intercambios sutiles de sentidos... abriendo un camino hacia la trascendencia espiritual.
En tiempos materialistas, hipercomerciales (todo se compra, todo se paga), de tolerancia a la frustración cero, de violencias instaladas y no discutidas, de ausencia de pensamiento crítico y de debates respetuosos, de falta de tiempo para "ser" y "estar" consciente, de carencia de independencia y autonomía para separarse de lo perjudicial, de hiperconectividad y de inexistencia de empatía... todo lo hecho por una persona, con sus manos o con su mente es un símbolo de Re-evolución, de una evolución resiliente.
Un libro implica a un escritor y a un lector, los une en puentes intangibles, que no tienen precio, sí un valor humano enorme. Es esa botella que nada en un mar solitario hasta que llega a manos de alguien. Es esa semilla que vuela por el aire hasta llegar a un suelo fértil donde germinar. Es ese puente sólido que une orillas distintas, pero unidas por un mismo río.
Un tejido une al tejedor con las hebras con las que trabajan sus manos, después une a esos hilados con la persona que se abraza con esa trama... y así las dos personas reúnen sus almas en una existencia plena: la de saber que el hacer tiene sentido y que no se está solo nunca. Todo lo que hacemos nos une, no nos unifica ni nos hace masa: nos reúne en el tiempo y en el espacio encontrando un sentido a la vida.
Gracias a los que hacen plena y vocacionalmente, gracias a los destinatarios de esos haceres que disfrutan de lo hecho humanamente. En ese círculo virtuoso se genera un desarrollo humano integral que nos lleva al bienestar general.








No hay comentarios:
Publicar un comentario